Sigue dejando que tu sonrisa ilumine el mundo, al menos el mio.

Sigue dejando que tu sonrisa ilumine el mundo, al menos el mio.
Oceànica sensació.

domingo, 10 de marzo de 2013

Me ahogo.

Un nuevo domingo más, un nuevo día para deprimirse encerrado en casa. Me ahogo.
De nuevo vuelven a mi las dudas, sinceramente creo que nunca se van siempre están dentro de mi, esperando cautelosas para salir en el momento menos preciso los días menos indicados. Me ahogo.
Esas dudas, esas pequeñas dudas infinitas, ellas son las que me ahogan. "¿Estas bien?" ¡NO VES QUE NO! ¿¡No te das cuenta de que todo no puede arreglarse en veinte minutos!? Valla, parece que nadie se da cuenta de nada... Me ahogo. Me matan.
Son esas dudas kilométricas, exactamente infinitas puesto que ni yo misma sé dónde me gustaría estar realmente. Pensé que con poner trescientos kilómetros de distancia de por medio sería suficiente y todo sería diferente. Empiezo a comprender que el lugar no es el problema. Empiezo a cerciorarme de que yo soy el único problema. En realidad esta teoría no es nueva, hace tiempo que comencé a darme cuenta. Tal vez sólo quería engañarme a mi misma con falsas promesas de felicidad. Tal vez sólo querían engañarme con falsas promesas de desayunos en la cama y domingos con sabor a palomitas de maíz.
"La reina de las ralladas" me dicen, pero yo no creo en la monarquía. "Ganadora del trofeo de comerse la cabeza por tonterías" me dicen, pero yo nunca participo en nada. Me ahogo.
Prometo que intento ser positiva y pensar que son rachas, días en los que te levantas peor que otros. Prometo que intento sonreír siempre. Prometo que cuando empiezo a sentirme mal me pongo la Pegatina bien alto y dejo la mente en blanco. Prometo que lo hago, pero no es suficiente. Cuando la canción termina vuelvo a pensar en las dudas kilométricas. Putas dudas...
Siempre hay un gotita que colma el vaso, siempre. Ahora mismo existe esa gotita. Pero es tan sumamente insignificante que yo la agrando hasta límites impredecibles. Cuanto menos pienso que me importa más la pienso, y mientras tanto mi vaso se desborda. Y de ese modo, yo acabo de nuevo en el suelo.
El suelo. Llegué a considerarle mi mejor amigo puesto que era con quién más tiempo pasaba, donde estaba siempre, en el suelo, y creo que ahora debería volver a hacerlo... Igual exagero y tremendizo, y realmente creo que es así, hago una montaña de un granito minúsculo de arena. Pero es mi montaña, mi refugio. Un refugio que me deprime muchísimo pero a la vez me da cobijo. Me siento menos distinta allí...
Hoy sólo quiero un coma etílico. Sólo pido eso, beber hasta perder el conocimiento. Hasta borrar las penas, hasta que no piense en nada que no sea mantenerme en pie o caminar recto. Hoy voy a beber hasta olvidar mi nombre. Hoy voy a beber hasta hacerle trampas al sol y que mañana nunca llegue.


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